Para que te inspires, un delicioso cuento, del libro: La tejedora de Vidas, de Elena García Quevedo

Hay una tejedora Inspírate con Tami:  1 Los hilos invisiblesque habita en el alma de toda mujer, para enseñarle a mirar su tiempo como un gran ovillo y sus dones como las agujas con las que dar formas a su vida. La tejedora del alma enseña a deshacer las zonas muertas y hacer alquimia con ellas, transformándolas en abono para seguir adelante. Por eso dicen que cuando llegas a la casa de una mujer tejedora de alma, haz de poner mucha atención: si entras y te regala una pipa, un tapiz hecho con sus propias manos o un cuento, en realidad te entrega hebras perdidas que no has logrado domar o que ni tan siquiera conoces, claves para despertar a la tejedora del alma que duerme dentro de ti o, incluso, mira por dónde, palabras en forma de cuentos para abrirte a una nueva forma de mirar. Porque lo que jamás hace ninguna anciana tejedora, ni ninguna mujer araña, es perder el tiempo.

Los cuentos que narran la historia de las mujeres tejedoras del alma nacieron para recordar a toda mujer su enorme capacidad de restaurarse a sí misma, y su poder para construir el paraíso incluso en tierra baldía.
Aquí una historia real, la de Ronin Wano, que es una alegoría de la herida de todas las mujeres y del propio planeta.

Hace mucho tiempo en un país lejano, ella era la única nieta que su abuela sabia educó, para que Inspírate con Tami los hilos invisiblespuntada a puntada y palabra a palabra descubriera los hilos ancestrales que tejen la memoria e hilan la vida; para que susurrara las verdades al alma de las mujeres despistadas y sus palabras devolvieran las fuerzas y ganas de vivir. Al crecer la niña debía enseñar a todas las demás mujeres de su tribu, para mantener vivo el alma de su pueblo y el espíritu del río. La llamaron Ronin Wano, servidora de la serpiente, porque en lo más profundo de las más oscuras aguas del río a cuya orilla nació, habita una anaconda que guarda los saberes y secretos milenarios con que todas las abuelas un día hilaron memoria, tejieron existencia y gestaron porvenir.
Durante muchos años la abuela envió a su nieta a lo más profundo del río, para que aprendiera el idioma del agua y escuchara la historia de sus propias abuelas, a lo más alto de los más altos cedros para aprender los secretos que las hembras pájaros contaban a sus hijos y a los más difíciles riscos para perder el miedo a morir y a vivir. Cada noche de luna llena la abuela y la nieta se acercaban a las casas de las mujeres hastiadas, para recordarles la fuerza de la flexibilidad y la fe en la vida. Pero cuando aquella niña creció todo cambió. Los árboles milenarios se talaban y se vendían para hacer parquet. Fue entonces cuando las hijas de sus hijas, que habían crecido contemplando un televisor, rechazaron su herencia y olvidaron el sencillo ejercicio de ser. Cuando Ronin Wano se convirtió en abuela, su gente ya no se sentía unida a los árboles, ni al agua, ni a la luna; ni al vientre con sus ciclos. Fue entonces, cuando la anciana supo que sus cuentos debían llegar a las mujeres de más allá del gran río, que jamás habían aprendido a crear el tapiz de sus propias vidas y ahora debían tejer el gran tapiz de todos.

Inspírate con Tami: los hilos invisiblesHay un momento en la vida de cada mujer contemporánea, en el que suele encontrarse frente a un cruce de caminos del que nadie antes le ha hablado: de un lado el camino marcado por la educación del mundo patriarcal, en el que ha crecido, donde encuentra hilos inservibles para tejer con el alma la vida que tiene frente a sí, patrones demasiado estrechos, telas poco maleables y escasas posibilidades de fantasía. Al otro lado el reto de encontrar su propio hilo que casi siempre es invisible a los ojos pero no al corazón y que tiene el don de unir la herencia de las abuelas sabias, con su propio camino y el de todas las mujeres. ¿Hacia dónde ir? ¿Cómo encontrar el hilo? ¿Cómo empezar a tejer la propia vida y sentirse completa? El periplo del viaje de la heroína también tiene estructura de tragedia griega: a veces la mujer muere para renacer, se hiela para descubrir, se agota para tomar fuerzas pero aprende a hacer alquimia con las emociones y encuentra dentro de si los hilos que la unen a todo. Eso enseña la vida, que siempre sigue adelante.
El hilo invisible de memoria, mantuvo viva la sabiduría femenina más allá de la mente, justo en el centro del corazón. Por eso la mujer se rompe cuando se aleja de lo que realmente importa. La tejedora del alma está presente en los cuentos de todas las sociedades ancestrales y ha vivido en la memoria, como el genio dentro de la lámpara.

¿Recuerdas? la lámpara del cuento, hay que saber frotarla para que el genio pueda revelarse; eso enseña la vida y la tierra.

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